¿Independencia de qué? Viva México y viva yo... cuando pueda
¿Independencia o libertad? Una reflexión sobre las presiones de septiembre, las responsabilidades cotidianas y el verdadero significado de poder elegir.

Sin contar la presión que se siente al entrar a Costco y que haya decoración de Halloween y Navidad desde agosto, llegado el 15 de septiembre, se puede considerar el banderazo (literal) para el nuevo maratón de cara al cierre de año.
Y sin que suene abrumador porque tampoco creo en esto que se dice respecto a que el fin de año se comienza a sentir en septiembre (yo no estoy tan segura, es cuestión de hacer números en cuanto a pagos pendientes por hacer para darte cuenta de que la suma no es menor), sí empieza a haber una presión por estar todos un paso adelante de la bandera, del pan de muerto y por saber en dónde y con quién vamos a pasar las fiestas —como si decidirlo ya fuera parte del festejo, y no una carrera contra los precios de los boletos, que para cuando lo resuelvas, ya subieron—. Presión social innecesaria, cortesía de nadie en particular y de todos al mismo tiempo.

Pero antes de anticiparnos, y considerando que, por lo menos a mí, aún me quedan 20 vidas por vivir antes de diciembre, voy a dejar el terror de los cuestionamientos acerca de cuántas uvas para fin de año se van a necesitar y me voy a centrar en la semana que entra.
Este lugar de los domingos pretende ser un espacio seguro y kind of fun, así que, dejando a un lado el nacionalismo y envuelta completamente en la bandera de mamá, ¿independencia de qué o de quién exactamente debería de estar yo celebrando?
Tengo 20 churros que entregar el lunes, vestir a las nenas de verde, blanco y rojo (en el mejor de los casos, y de uno de los 3 colores en el peor de los casos), terminar las cartulinas, cuadrar agendas, gestionar todos los nuevos chats que se han ido agregando de cumpleaños, entregas de proyectos y demás —y que conste que ni siquiera me voy a dar a la tarea de contarte todo lo que chamba-wise tengo en el plato—.
Todo el trabajo de la próxima semana metido en un finde, considerando que el martes las chicas salen a medio día, el miércoles es feriado, y todo "lo podemos ver el jueves".

No veo la hora de salir de este chiquitito infierno que arrancó con las tareas y que amenaza con no terminar hasta que termine el año. En fin, todo esto para decir que no tengo tan claro qué debería de estar festejando. ¿Festejar lo que la independencia trajo como consecuencia que todo dependa de mí? No lo sé, Rick.
Por otro lado, y pensando en que soy dueña absoluta de mis decisiones, también he de decir que la independencia económica —un privilegio, lo sé, no una regla— no me hizo libre; me hizo la dueña de elegir a qué le digo que sí. Y esa, sospecho, es la verdadera libertad: no la ausencia de ataduras, sino poder elegir las propias. Entonces, más que la independencia, que viva nuestra libertad.